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VOCACIONES… ¿PARA QUÉ SOY YO?

El lema de este año es: “¿Para quién soy yo?”. Pues bien, ¿cómo de claro puede quedarnos esta pregunta? Si somos de Dios, y Dios mandó amarnos los unos a los otros… ¿Para qué otro quién? Otra cuestión muy diferente sería: ¿Para qué soy yo?

Si tenemos que enclavar la vocación en una palabra a partir de la cual hacer camino, ésa es “LIBERTAD”.

Y es que Dios nos hizo libres de elegir, y en el ejercicio de esta libertad está el cómo seguimos a Dios y cómo servimos a Dios. Claro es, que no cabe un fin último de servicio o seguimiento a Dios si no ponemos en construcción un firme pavimento de servicio a la comunidad que nos sirva de camino.

Pero… ¿Cómo se puede servir? Cuando Jesús se acercaba a los apóstoles y les decía “ven y sígueme”, ellos atendían a un ejercicio pleno de libertad: el mensaje de Jesús trataba sobre la Libertad plena que aporta y ofrece el reino de Dios, sus palabras “ven y sígueme” invitan a una opción completa, ausente de coacción, llena de un Ministerio que al tiempo les sería revelado. Su postura estaba entre mantener su vida rutinaria con sus familias o salir hacia lo desconocido. Entendemos por esto que el servicio, la vocación de servicio, responde a esta llamada cuyo camino deserta de las distracciones y comodidades más ordinarias.

Hoy, afrontamos el día de las Vocaciones de una manera peculiar. El lema de este año es: “¿Para quién soy yo?”. Pues bien, ¿cómo de claro puede quedarnos esta pregunta? Si somos de Dios, y Dios mandó amarnos los unos a los otros… ¿Para qué otro quién? Otra cuestión muy diferente sería: ¿Para qué soy yo?

La falta de sacerdotes en nuestros días es un hecho presente y patente que recorre todos los rincones. Pues bien, ¿por qué? ¿Qué ha llevado a esta Iglesia actual a esta carestía? Asumiendo la imposibilidad de que Dios, como Padre, haya dejado de llamar, debemos poner los ojos en nuestros días. ¿Debería la Iglesia acomodarse a la realidad última? ¿Cuáles son las renuncias que un hombre joven es obligado a asumir para cumplir su vocación de sacerdocio? ¿Cuál es el papel de la mujer dentro de la misma? ¿Acaso Dios no llama a sus hijas?

Os invito a cerrar este día con una reflexión: si nuestra Iglesia se ve mermada con una falta de sacerdotes, quizá la respuesta al problema no sea emprender una pacífica cruzada en busca de una reposición de nuestras filas. Quizá la respuesta sea una profunda renovación entre los paradigmas y estamentos que rigen nuestra sociedad eclesial.

Ana Cristina Molina. Grupo Kehila.

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