El Sagrario, "Corazón vivo de nuestro templo"

La Eucaristía es para los cristianos la presencia real de Jesús entre nosotros y por tanto lo más sagrado. De ahí que se denomine sagrario o tabernáculo al lugar donde se conserva el pan consagrado para llevárselo a los que no pudieron tomar parte en la celebración eucarística y de forma especial a los enfermos como viático y también para la adoración de los fieles.

En efecto, los cristianos creemos que Cristo resucitado está verdaderamente presente en el pan consagrado y por eso Jesús resucitado, presente en el sagrario, nos acompaña en nuestro camino como Dios con nosotros, Emmanuel.

Una vela, siempre encendida junto al sagrario, parece querer indicarnos que allí hay vida, que al igual que su llama se mueve y nos calienta, es Jesús el que vive entre nosotros y nos acoge con su calor. ¿No nos llama la atención que una iglesia sin sagrario, o con el sagrario vacío, parece un edificio deshabitado y frío?

Si hacemos un poco de historia vemos que la costumbre de guardar la Eucaristía es muy antigua. Nos llega desde la época en que terminaron las persecuciones (Siglo IV). Desde entonces ha variado mucho de forma y situación dentro del templo. Por ejemplo, en la Edad Media tenía forma de paloma y se ponía delante del altar. Hoy día se suele colocar en un oratorio o capilla para facilitar la oración.

Escenas de nuestro Sagrario

Nuestro sagrario presenta diversas escenas del Nuevo Testamento. Así, en el centro del cuerpo inferior, justo en la puerta, vemos una representación de Cristo triunfante, sentado, con los Evangelios en la mano izquierda y la derecha en actitud bendicente. Este tipo de representación de Cristo recibe el nombre de Pantocrátor, palabra de origen griego. En los Evangelios que porta Cristo aparece la frase: "Ego sum lux mundi" (Yo soy la luz del mundo). A ambos lados de la cabeza de Cristo aparecen las letras griegas alfa y omega, que son primera y última letra del alfabeto griego. Éstas hacen referencia a que Cristo es totalidad, principio y fin de todo: "Yo soy el Alfa y la Omega -dice el Señor Dios- el que es, el que era y el que está a punto de llegar, el Todopoderoso" (Ap. 1,8).

Rodeando al Pantocrátor aparece la mandorla mística, también llamada almendra mística por la forma de óvalo o marco almendrado que ésta tiene. La mandorla mística representa la separación entre el mundo místico en el que se encuentra Cristo triunfante y el mundo terrenal.

Rodeando la mandorla aparece la representación de los cuatro evangelistas, este tipo de figura, recibe el nombre de tetramorfos, palabra también de origen griego. En el tetramorfos cada evangelista es representado, de manera alegórica, con las figuras de los cuatro vivientes de Ezequiel 1,5 y Apocalipsis 4,6: hombre, león, toro y águila.

La interpretación más admitida de estas figuras es la que hizo San Jerónimo, basándose en los comienzos de los escritos evangélicos: así, Mateo es representado bajo la forma de hombre aunque, a veces como ocurre en nuestro sagrario también puede aparecer bajo la forma de un ángel u hombre alado. Estos dos símbolos hacen referencia a que Mateo comienza su evangelio con la genealogía humana de Cristo. Marcos es representado por un león, haciendo significar que su evangelio empieza con la voz poderosa del Bautista en el desierto, donde habitaban los leones. Lucas, a su vez, es representado por un toro puesto que su evangelio comienza con el sacrificio de Zacarías en el templo, donde se sacrificaban toros. Por último, Juan es representado por un águila ya que en el prólogo de su evangelio se remonta, como en un alto vuelo de un águila, hasta lapreexistencia de Jesús en el seno del Padre.

El conjunto del Pantocrátor rodeado del tetramorfos tiene el siguiente significado: Cristo (Pantocrátor) es la Palabra y los cuatro evangelistas, representados por el tetramorfos, significan la extensión de su Palabra en el mundo terrenal. Flanqueando la escena central nos encontramos cuatro escenas de la infancia de Cristo: la Anunciación (Lc. 1, 26-38), el Nacimiento de Jesús (Lc. 2, 1-20), la Adoración de los Reyes Magos (Mt. 2, 1-12) y la Huida a Egipto (Mt. 2, 13-15). En nuestro sagrario, las tres primeras escenas están enmarcadas dentro de una arquitectura con arcos y columnas, mientras que en la Huída a Egipto hay un intento por parte del autor de representar el desierto y la arquitectura popular de la época en la zona.

En el cuerpo superior del sagrario aparece la escena del Apocalipsis, 5, 6-14 en el cual aparece un cordero en pie con señales de haber sido degollado en medio de veinticuatro ancianos que se postran ante él. Esta escena tiene el siguiente significado: el cordero representa a Cristo muerto y resucitado, y los veinticuatro ancianos son la suma de doce (12 tribus de Israel) más doce (12 Apóstoles del Cordero); representan la totalidad de los santos quienes han intervenido de manera eficaz en la historia de la salvación y alaban a Dios.

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