En Mayo de 1981 Alfonso Quijada, por encargo de los arquitectos Peiró Amo, pintó los murales de la nueva parroquia de San José, en los que también colaboró Juan Amo.

Los murales son abstractos fundamentalmente y tienen elementos figurativos religiosos. La iconografía religiosa queda perfectamente integrada entre suaves colores. Su composición es lineal, motivo por el que el desarrollo de la pintura es parecida a un relato. Los dos frisos, el mayor de dieciséis metros (en el altar) y el otro de cuatro (junto al sagrario) con un ancho de noventa centímetros determinan los principales espacios del templo y ofrecen un ambiente de recogimiento.

La interpretación de los murales está abierta a cada persona, aún así podemos describir una lógica a su iconografía. El mural ofrece una explosión de luz y de colorido a la iglesia, como una especie de renacimiento que integra todos los elementos de la vida, de la naturaleza, del trabajo de los hombres,... (pan, peces, paloma, sol, puerta...) mezclados con elementos religiosos, como queriéndonos decir que toda la creación es buena ya que sale de las manos de Dios, y que fe y vida forman un entramado inseparable.

La fe se mezcla con toda la vida, de forma que la relación con Dios sólo puede darse en medio de la vida intramundana y en contacto con las realidades que forman nuestro mundo, sea contemplando la naturaleza, disfrutando de los bienes de la tierra, o en el trabajo cotidiano. Como dice X. Zubiri, "la experiencia de Dios no es una experiencia al margen de lo que es la experiencia de la vida cotidiana: andar, comer, llorar, tener hijos,... No es una experiencia al margen de todo esto, sino que es la manera de experienciar en todo ello la condición divina en que el hombre consiste".

Todo el mural determina tres espacios en la iglesia: el del altar, el ambón y la pila bautismal. La Iglesia celebra la Eucaristía, y la Eucaristía hace la Iglesia. La Iglesia proclama la Buena Noticia a todo el mundo y celebra los sacramentos. Los cristianos orientales dicen que los iconos son como ventanas abiertas a las realidades de Dios. Cuando miramos un icono somos invitados a discernir la ternura de Dios. Que los murales de nuestra parroquia nos ayuden a intuir algo de su presencia y de su amor.

La composición en forma de relato también nos sugiere otra interpretación como la historia de la salvación, es decir el proyecto de Dios de comunicar a los hombres su amor misericordioso. Esta historia de amor que podemos resumir en tres etapas:

La Alianza de Dios con el Pueblo de Israel

En la primera parte del mural aparecen las tablas de la ley. Los mandamientos de Dios expresan la Alianza que Dios establece con su pueblo. Dios nos entrega una Ley, unos Mandamientos que serán lámpara para el sendero.


La Nueva Alianza

La nueva y definitiva Alianza de Dios es Jesucristo, que en el mural ocupa el centro de la iglesia. "Al cumplirse los tiempos Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, para establecer con los hombres la Alianza nueva y definitiva" (Gal. 4,4). María nos ofrece a su Hijo, que nos devuelve la esperanza, representada por la paloma de la Paz, con su ramo de olivo, símbolo de esperanza, como cuando volvió tras el diluvio al Arca.

Cristo Pantócrator aparece en el centro de la iglesia, envuelto en la mandorla mística (marco en forma de almendra que rodea a Cristo expresando su gloria) y sentado en un trono como Señor del Universo que preside toda la historia de la salvación. La mano derecha expresa la victoria y la izquierda sostiene el libro del Evangelio.

El Pueblo de la Nueva Alianza

En la parte izquierda del mural aparecen elementos de la Iglesia. Jesús resucitado se hace presente en la Iglesia, en los sacramentos, en el mundo. En el mural enmarcando el altar aparecen unos panes y unos peces que nos recuerdan la Eucaristía.

La Iglesia presenta al mundo la Buena Noticia del Evangelio, que en el mural queda expresado con los nombres de los Evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Aparecen otros elementos que nos hacen referencia a la Iglesia, como son vidrieras y rosetones, signo de la luz que nos da el Señor resucitado y un sol que nos recuerda el texto de Lucas: "Por la entrañable misericordia de Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz" (Lc. 1, 75-79).

Junto a la pila bautismal y el cirio pascual hay una especie de puerta abierta, que nos quiere anunciar que el bautismo es como la puerta a la Iglesia y a los demás sacramentos. Así la Iglesia peregrina por el mundo iluminada por la luz y la fuerza del Espíritu Santo, camina solidaria con las alegrías y esperanzas, dolores y trabajos de los hombres y mujeres hasta que el Señor vuelva.



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