Presbiterio es un término procedente del griego que significa literalmente "lugar de los presbíteros", consejo de ancianos que gobierna un grupo.

Hoy esta palabra tiene dos significados principales: grupo de sacerdotes "presbíteros" que ayudan al obispo en una diócesis; y lugar específico del templo, diferenciado de la nave ya sea por elevación, estructura u ornato, donde se colocan los presbíteros durante la celebración.

Es en este marco, donde se encuentran el ambón, la sede y el altar.

El Ambón

La dignidad de la Palabra de Dios exige que en la Iglesia haya un sitio reservado para su anuncio, hacia el que, durante la liturgia de la Palabra, se vuelva espontáneamente la atención de los fieles. El ambón es la tribuna donde se coloca el libro que contiene las lecturas bíblicas que se proclaman en la celebración. En nuestra iglesia el ambón está situado a la izquierda del altar. En la mayoría de las iglesias está diferenciado del "atril" lugar desde donde se hace las moniciones o se dan los avisos.

La Sede

La sede es el asiento reservado al que preside, en nombre del Señor, la celebración cristiana. Debe significar su oficio de presidente de la asamblea. La sede del obispo se denomina "cátedra", de ahí que "catedral" designe precisamente la iglesia donde se encuentra la cátedra desde la que preside el obispo.

Según la iglesia, la sede puede estar situada detrás del altar, en el lateral o incluso delante, cerca de la asamblea. En nuestra iglesia está situado detrás, entre el ambón y el altar. Lo importante es que el que preside pueda establecer un buen contacto con aquellos hacia los que se dirige.

Es importante una buena acústica y sobre todo el contacto visual, pero es preciso que el celebrante pueda volverse hacia el altar signo de Cristo. Por ello, en definitiva el emplazamiento de su asiento está condicionado por la situación del altar, elemento fundamental de la liturgia.

El Altar

El altar es el centro de la iglesia, la parte más importante, el punto de referencia. Símbolo de la nueva alianza, está considerado como la cruz del Señor de la que manan los sacramentos del Misterio Pascual, especialmente la Eucaristía. Sobre él se hace presente la ofrenda de la cruz bajo los signos sacramentales del pan y del vino. Es el signo de Cristo, la piedra angular. Pero también, y gracias al contexto original de la Eucaristía, el de la cena pascual, se le concede el valor de mesa de la cena del Señor, a la que el pueblo de Dios está invitado.

Los primeros cristianos no sintieron la necesidad de un monumento de este tipo para celebrar la Eucaristía. Sin embargo, la situación cambió con el crecimiento de la iglesia y la construcción de lugares públicos especialmente dedicados al culto.

Su ubicación ha variado a lo largo de la historia. En un primer momento, el altar estaba separado de la pared, y el presbítero que celebraba la Eucaristía se situaba detrás del altar, frente a la asamblea, por eso era importante no colocar sobre el altar nada que se interpusiera entre el oficiante y la misma. A lo largo del s. IX, el altar empieza a situase contra la pared, y el sacerdote colocado delante de él, vuelve la espalda a la asamblea durante la celebración. Así se desarrolló la costumbre de añadir una especie de gradas destinadas a acoger los objetos litúrgicos (la cruz, las velas, etc.) y de decorar la pared, contra la que el altar estaba situado, con representaciones de la vida de Cristo.

Este panel, que pronto tomó proporciones considerables, se denominó retablo. Sin embargo actualmente, tras el Concilio Vaticano II el altar vuelve a estar separado de la pared y el sacerdote oficia las celebraciones de cara a la asamblea.

© 2012-2017 Parroquia de San José. Albacete • Política de Privacidad
Diseño y Hosting