LA CRUZ NO ES EL FINAL, PERO ES EL CAMINO PARA LA VIDA

22/03/2012

Se debe dejar muy claro que Dios no quiere que sus hijos sufran y desmontar esa horrenda idea de Dios ´vampiro’ que necesita, sangre, dolor y muerte para perdonar a sus hijos. Dios quiere la felicidad y la vida para todos; y por desgracia con mucha frecuencia decimos de Dios cosas que no seríamos capaces de decir de una persona decente.

Cuando los evangelios y con más insistencia en este tiempo de cuaresma se nos pide la conversión, en el fondo se no está diciendo que Dios espera un fruto de todos los que decimos creer en Él. Ese fruto es la felicidad y bienestar de todos los inocentes de este mundo que llevan injustamente la cruz del pecado de todos. El grano de trigo tiene que morir porque sólo así da fruto. No es la muerte lo que Dios desea sino el fruto que siempre será vida. De manera que cuando se nos pide que oremos, ayunemos y demos limosna no se nos está diciendo que eso agrade a Dios sino el fruto que eso nos puede dar: el ser libres y vivir liberados de la seducción de la riqueza.

Pero resulta que con frecuencia todo el que se pone de parte de la vida y defiende la felicidad de los pobres se encuentra en situaciones en las que es perseguido y en algunos casos, incluso, es llevado a la muerte.

También debemos decir que es humano sentir miedo ante la muerte y el dolor; Jesús lo experimentó con toda su crudeza “Padre líbrame de esta hora”. Así lo pidió con “gritos y lágrimas” (Heb 5,7), pero encontró fuerza en su infinita confianza en el Padre  “no se haga mi voluntad, sino la tuya”, así nos dejó este claro ejemplo de cómo se puede expulsar al Príncipe de este mundo, que engendra injusticias, sufrimiento y violencia: Con la lucha no violenta con la aceptación, y si llega el caso, de la persecución y hasta la propia muerte.

El poder que el Príncipe de este mundo tiene sobre el hombre es la muerte, no siempre en forma física, sino a veces la muerte ontológica, es decir, “el sufrimiento”. El hombre atrapado por el miedo al sufrimiento, renuncia a su libertad, a vivir según su recta conciencia, y queda atrapado por el mal. Jesús nos revela el camino para conseguir la libertad: la Pascua de Jesús en la que Él vencerá a la muerte.

El cristiano tiene que luchar contra las cruces infecundas: buscar la salud, mejorar la ecología, levantarse de sus crisis, trabajar por una Iglesia más evangélica y optar por la vida frente a toda forma de muerte. Pero cuando alguna vez no podamos vencer la cruz sólo nos queda confiar en Dios, sabiendo que de la Cruz puede sacar en fecundidad la vida y una fuente de gracia. No hay que dejar de luchar, pero al mismo tiempo hay que aceptar las limitaciones de la realidad humana.

Esto es lo que le sucedió a Jesús de Nazareth y a millones de hombres que a lo largo de la historia han defendido la justicia por amor al Reino de Dios. Bien claro lo dejó Jesús en las Bienaventuranzas.

 

                                                                                                                                                    Javier Olaso

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