¿Quien desea ayudar al paralítico?

17/02/2012

La acción se desarrolla en «la casa» de Cafarnaún. En este marco, el texto señala dos tipos de actitudes muy diferenciadas entre sí: De un lado están los escribas sentados (ver el texto del evangelio) ocupando un espacio vital de la casa. La inmovilidad de estos escribas y fariseos, obstaculiza la difusión del anuncio de la Palabra e impide al paralítico acercarse a Jesús. 

De otro lado están los que desean ayudar al paralítico: Se mueven, buscan una solución creativa para que el paralítico pueda acceder a Jesús; rompen el techo de la casa... Jesús, viendo la fe de los portadores, perdona los pecados al paralítico y, ante las críticas de los responsables de la institución religiosa, verifica delante de todos su poder curando al paralítico.

Los escribas y fariseos obstaculizan el acceso a Jesús de quienes tienen fe y necesitan acercarse a él. En tiempos de Jesús los escribas y fariseos, encargados de transmitir la Palabra, se habían convertido en obstáculos para su comunicación debido a las múltiples prescripciones y leyes añadidas, que terminaron por cerrar el camino de la fe a la gente sencilla. Como vemos en el relato de hoy, Jesús quiso que la persona total -cuerpo y espíritu encontrara la salvación. 
Por eso le anunció al paralítico dos buenas noticias, diversas, pero complementarias: Tus pecado son perdonados, y... toma tu camilla, levántate y anda. Los escribas y maestros de la ley critican fuertemente a Jesús. Estos escribas eran varones que se destacaban por su amplio conocimiento de la Ley. Se consideraban a sí mismos los sucesores de los profetas. Siempre ocupaban los puestos más destacados en la sinagoga.

Su prestigio radicaba en poseer un caudal de conocimientos completamente desconocido para el pueblo sencillo. Su autoridad les permitía ocupar cargos de maestros, jueces y predicadores. Discutir con ellos en materia de doctrina, ley o ciencia era muy delicado, debido a la influencia que ellos tenían en los tribunales civiles. El texto de hoy también nos presenta a unos personajes «secundarios», pero muy interesantes. No son ni el paralítico, ni los escribas que acechaban a Jesús: Son aquellas personas anónimas que llevaban la camilla del paralítico. ¡Cuánta constancia, tenacidad y esperanza!

Están dispuestos a gastar todo el tiempo que haga falta para facilitar el encuentro de este hombre necesitado con Jesús. Como ven que hay un gentío grande, suben al paralítico al tejado... (no debió serles nada fácil). Luego quitan losetas del tejado, buscan unas cuerdas... hasta lograr que el enfermo quede delante de Jesús.  Algo así debemos hacer los cristianos. Debemos estar dispuestos a gastar tiempo y a no escatimar esfuerzos para ayudar positivamente en lo humano y en lo espiritual. El cristiano debe vencer todos los obstáculos para facilitar que el hombre se encuentre con Jesús. Muchas veces esos obstáculos provendrán de una sociedad excesivamente secularizada, que no deja espacio para Dios. Otras veces los obstáculos estarán en el lenguaje críptico de las instituciones religiosas... 

El cristiano está llamado a eliminar aquellos impedimentos que dificultan el encuentro de los hombres con el mensaje cristiano, aunque para ello deba «quitar las losetas del tejado» y abrir un boquete en la cerrazón que ignora los parámetros de la nueva cultura.

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Realizado por ANTONIO el 19/02/2012 a las 18:11
Yo me quedo con estos cuatro hombres anónimos que presentan el paralítico a Jesús. Son ingeniosos y creativos. Saben de las difilcultades pero las afrontan como un reto. Hoy segimos viendo dificultades para llevar a las personas hasta Jesús. Debemos buscar nuevas fórmulas para que nuestros hermanos puedan experimentar la `salvación del cuerpo´ (que sus necesidades básicas estén cubiertas) así como la `salvación del alma´ (la alegría del encuentro con Jesús)
Realizado por JuanMa el 19/02/2012 a las 11:33
Hay personas que hacen agujeros en el techo para que una persona se encuentre con Jesús... Esta frase me hace recordar a las personas que les gusta hacer "agujeros" para ayudar a otros a entrar en contacto con Él. Yo quisiera recordar a los agujereadores del Reino: los que organizan convivencias, se ponen en las puertas de un supermercado para llevar alimentos a otros, los que animan la pastoral en el coro, los que llevan café a la gente que vive en la calle, las mujeres que llevan regalos el día de reyes a la cárcel mientras cantan villancicos, los que acogen a alguien nuevo en su grupo, los que regalan una sonrisa, los que dan su tiempo a los demás.
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